REVIEW

ME GUSTA PERO ME ASUSTA es una comedia de estereotipos

Esta película tiene intenciones nobles, pero no logra encantarnos.

Foto: Diamond Films
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Me gusta pero me asusta (Me gusta pero me asusta, 2017) es una historia producida por los actores Alex Speitzer y Minnie West, que buscaron el talento de dirección del mexicano Beto Gómez para poner en marcha su visión de una comedia contra los prejuicios y los conflictos sociales y económicos de nuestros días.

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Brayan Rodríguez (Speitzer) es hijo de un famoso empresario sinaloense que viaja a la Ciudad de México para expandir el desconocido pero fructífero negocio de su familia, tiempo durante el cual conoce a Claudia (West), una chica adinerada que busca su lugar en el mundo a cuestas de la fortuna de su padre. Entre ambos habrá, no solo un lazo de reconocimiento y empatía, sino una tensión romántica y una aventura por adentrarse a la vida del otro sin caer en los engaños de la apriencia.

Foto: http://style.shockvisual.net/

En Me gusta pero me asusta somos testigos de la fiel intención de los productores mexicanos por consagrar una propuesta cinematográfica que juegue con los estereotipos regionales del país de manera que los reivindique, sin atentar en contra de su idiosincrasia; así, Brayan es el típico macho norteño descendiente de una cultura machista, violenta y arraigada; y Claudia, es una capitalina de alto rango socioeconómico, con una esfera social estandarizada y actitudes flojas; lamentablemente, el mínimo desarrollo que se logra en cada personaje, las situaciones absurdas y el esmero por ridiculizar los estereotipos, le juegan en contra a la propuesta, oscureciendo el mensaje de libertad y aceptación que tanto nos falla en sociedad.

La dirección de Gómez es jovial, y al igual que su comedia, permisiva; sin embargo, lo que podría convertirse en una puesta en escena interesante en la que la improvisación se funda con el ensayo actoral y apoye la narrativa, queda en una escenificación simple, que se vale de algunos chistes con asomos de crítica social, que opacan el espíritu progresista de los creativos y que podría no gustar a los cinéfilos más experimentados.

Foto: http://setlistmx.com/

En cuanto a fotografía y sonido, no podemos destacar innovación alguna ni momentos de revelación artística, pues como suele suceder en el cine más comercial, se limita a cumplir con el estándar de calidad convencional (formato, calibración de color, etc.) sin hacer notar el ojo avispado del cinematógrafo; de igual manera, el diseño y la banda sonora, apoyan las descripciones de los personajes y escenarios, pero no hay una colaboración entre encuadre y ritmo.

¿Por qué verla?

Me gusta pero me asusta presume de retomar la dinámica cómica del cine de oro mexicano, los arquetipos de las cintas de Ismael Rodríguez y el encanto casi onírico de sus proyecciones, pero no lo logra; sin embargo, esconde algo más que una simple comedia reiterativa, tiene intenciones nobles y contadas secuencias de reflexión.

¿Por qué no?

Porque lo anteriormente descrito no llega sin un costo, tenemos que darle tiempo, permitirle resarcirse de sus errores y buscar lo mejor de la producción entre diversos momentos que fueron filmados con tanta seguridad y otorgan poco a la audiencia, que se siente arrogante y superficial.

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Siempre es bueno conocer lo que deja nuestro cine, la manera en la que evolucionan los autores que ya conocemos y ver qué aportamos al cine como país; sin embargo, no todas las películas son del gusto general, y Me gusta pero me asusta es de las que podrían dividir a la audiencia: los que la vean como una cinta interesante, fresca y pasadera, o los que la vean como un terrible intento por reivindicar aquello de lo que peca.

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