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PROYECTO FLORIDA, una joya llena de humanidad

Luego de Tangerine, el director Sean Baker se vuelve a enfocar en personas marginadas de una ciudad norteamericana. El resultado es conmovedor, divertido y auténtico.

Foto: A24

El cineasta norteamericano Sean Baker obtuvo una mayor proyección internacional gracias a su película Tangerine: Chicas fabulosas (Tangerine, 2015), notoria, entre otras cuestiones, por haber sido grabada enteramente con el iPhone. Baker logró obtener un presupuesto mayor para su siguiente cinta – pasó de $100 mil a $2 millones de dólares -, pero de cualquier forma Proyecto Florida (The Florida Project, 2017) continúa en la misma línea de Tangerine: Chicas fabulosas al mostrarnos personajes marginados de las ciudades de Estados Unidos. 

Si Tangerine: Chicas fabulosas siguió a un par de prostitutas transexuales de Los Ángeles, así como a uno de sus clientes (un taxista de origen armenio), los personajes de Proyecto Florida son una joven madre soltera desempleada (Bria Vinaite), su pequeña hija (Brooklynn Prince), otros de los residentes y el encargado (Willem Dafoe) de un motel barato ubicado en las afueras de la ciudad de Orlando, Florida. Y si Tangerine: Chicas fabulosas se desarrollaba en el transcurso de un día especial (la víspera de Navidad), Proyecto Florida lo hace en un periodo más extenso pero de igual forma singular: las vacaciones de verano. 

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En esta ocasión, Baker se enfoca primordialmente en la pequeña Moonee (Prince), inocente pero extroverdida y de carácter fuerte, quien pasa sus días de asueto haciendo travesuras junto con sus amigos, el hijo de una amiga de su madre y la nieta de una residente de otro motel cercano. Curiosamente, en Tangerine: Chicas fabulosas Baker exploraba diversas locaciones reales de Los Ángeles por medio de sus personajes adultos y el hecho de que ahora tiene a niños como protagonistas no le impide hacer una exploración similar de las afueras de Orlando. Los niños de Proyecto Florida carecen de supervisión adulta durante buena parte del día y eso les permite vagar y llevar sus traviesas intenciones a otros lugares más allá de los moteles.

Proyecto Florida es uno de sus esos filmes que retrata naturalmente las actividades de sus personajes. Además de ver a los niños molestar a los demás o provocar cuestiones más graves como el incendio de unos departamentos abandonados, también hay tiempo para ver al encargado del motel (Dafoe) cumpliendo con sus tareas o en general lo que está sucediendo en el lugar (la llegada de turistas, por ejemplo). A primera instancia parece que no sucede mucho, pero gradualmente la cinta se revela como una profunda reflexión sobre la situación de una infante que, sin darse cuenta, está en medio de una problemática realidad. 

Proyecto Florida es un poderoso retrato sobre esa parte de la sociedad americana que no muchas veces recibe atención. La madre de Moonee es mal vista por la sociedad al tener antecedentes judiciales y, en consecuencia, no contar con un empleo establece. Moonee, ciertamente, no lo ve pero los problemas económicos en su casa son el pan de todos los días y su madre – a quien la gente seguramente denigra como “white trash” – trata de obtener dinero para la renta vendiendo perfumes sin permiso y, eventualmente, haciendo otras cosas más indignas ante los ojos de la sociedad. Baker demuestra maestría a la hora de llevar – sin ninguna prisa, con sutileza y sin dejar a un lado los momentos cálidos y humorísticos – un seguimiento natural al día a día de sus personajes a un conmovedor desenlace que pone en peligro el lazo lleno de amor (nadie puede negar esto) entre Moonee y su madre.

¿Por qué vale la pena verla?

Las excelentes interpretaciones de Brooklynn Prince, Bria Vinaite y Willem Dafoe, este último incluso nominado al Oscar como Mejor Actor de Reparto. En general, se trata de otra joya de Sean Baker llena de humanidad a partir del seguimiento a un conjunto de personas marginadas. 

¿Por qué no vale la pena verla?

Requiere cierta paciencia porque, como ya dijimos, durante la primera parte parece que no hay una trama concreta. Pero esa es la clave del cine de Baker: los detalles que eventualmente revelan algo más significativo. 

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