REVIEW

Nunca estarás a salvo

Joaquin Phoenix logra una actuación impresionante de un personaje complejo, y Lynne Ramsay –la directora– se consolida rápidamente como una cineasta interesante y atrevida.

Foto: Sector Cine
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Por Mario Barreto | @Mariorarara

Con apenas un puñado de largometrajes, la directora escocesa Lynne Ramsay se ha consolidado rápidamente como una cineasta interesante y atrevida, cuyo estilo “psicológicamente violento” ha sorprendido a propios y extraños. Sus películas exploran los estados mentales de personajes que –atrapados en un rol social– intentarán escapar a cualquier costo… por más alto que sea.

En Nunca estarás a salvo (You Where Never Really Here), Ramsay regresa con una propuesta más atrevida y compleja, la cual exige mucho más al espectador para entrar al juego psicológico. En los primeros minutos de la película conocemos a Joe (un soberbio Joaquin Phoenix), veterano de guerra que ahora trabaja como asesino a sueldo. Asumimos su oficio al ver detalles específicos: una cinta adhesiva industrial, un pedazo de papel ensangrentado y un martillo (objeto que nos permite darnos cuenta de la violencia con la que trabaja).

Lo interesante de este inicio es cuando por medio de un desconcertante score y de un efectivo montaje (que salta del presente a flashbacks de la infancia del protagonista, donde somos testigos de la violencia hacia su madre), nos damos cuenta de una cosa: nos hemos metido en la mente del protagonista sin habernos enterado. Dejamos de ser jueces y espectadores para volvernos partícipes del caos, las emociones y los pensamientos tormentosos de Joe. Ya somos parte de él.

Phoenix logra una actuación impresionante de un personaje complejo; lo mismo lo vemos cuidar amorosamente de su anciana madre que asesinar a martillazos a un sujeto involucrado en la prostitución infantil. Su violenta personalidad está plasmada en su piel a través de grandes cicatrices, como si la violencia formara parte de él, pero su motivación nos muestra la fragilidad detrás del musculoso justiciero.

El recuerdo de Taxi Driver (1976) se hace presente debido a obvias similitudes (la ciudad de Nueva York, un veterano de guerra aplicando su justicia…); sin embargo, no hay lugar a paralelos cuando vemos la perspectiva desde la que Ramsay aborda a este ser atormentado. Incluso en la violencia, Nunca estarás a salvo tiene una voz propia. En un ingenioso juego de montaje, nuestra mente puede percibir que está viendo una película ultra violenta, apoyándose en planos donde nos muestran objetos que asimilamos con dicha conducta (el martillo, por ejemplo); sin embargo, en realidad la violencia explícita es mínima, pues en su mayoría es un juego de nuestra mente al conectar un plano con el otro sin haber una secuencia directa (el infalible efecto Kuleshov).

Para terminar, volvamos a la banda sonora caótica, psicótica, desenfrenada, envolvente y siempre elegante, a cargo del músico y compositor Johnny Greenwood, guitarrista de Radiohead. Su genialidad radica en crear sonidos que estimulan los sentidos, acordes con lo que nuestros ojos están viendo o creando atmósferas que advierten lo que estamos por presenciar.

Nunca estarás a salvo es, sin duda, una de las mejores películas de lo que llevamos de este 2018. Dense una oportunidad de ser absorbidos por ella.

 

Nunca estarás a salvo

(You Were Never Really Here, Estados Unidos, 2017)

89 minutos

Directora: Lynne Ramsay

Con: Joaquin Phoenix, Ekaterina Samsonov, Judith Roberts, Alessandro Nivola

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