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Él es Manuel Esperón, el compositor de todas tus canciones favoritas del Cine de Oro mexicano

‘Amorcito Corazón’ y todo el género de rancheras no hubiera sido posible sin esta leyenda de la música en México

Foto: Instituto Mexicano de Cinematografía, escena de No Basta Ser Charro
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Manuel Esperón no hizo gran torbellino de su vida privada, a diferencia de otros artistas con vidas bien documentadas –como el caso de sus contemporáneos Frida Kahlo y Diego Rivera, Esperón, el hombre, permaneció en una esquina, discreto, silencioso, dejando que su trabajo hablara por sí solo. 

Según algunos testimonios, su tiempo libre lo pasaba en su Quinta Amorcito Corazón en Cuernavaca al lado de su esposa Beatriz, con quien compartió más de 40 años de matrimonio, sus hijos y nietos. 

El salto de Manuel al cine no fue una mera casualidad. Después de intentar fallidamente estudiar la carrera de ingeniería, en la que solo era bueno en dibujo, decidió girar hacia la música, su gran pasión desde pequeño, cuando su madre, Raquel, pianista de concierto, heredó a su hijo el gusto por el piano

Manuel decía que el cine sonoro no solo fue una revolución por escuchar a los actores hablar a través de la pantalla, pues el compositor creía que la música era la que realmente lograba capturar la historia de una película, enalteciendo las emociones de los actores y causando un verdadero revuelo en el espectador. 

Musicalizar la ficción fue para Esperón, destacar un apasionado beso, captar una mirada penetrante; llevar al espectador por emociones de suspenso nunca antes experimentadas y crear en general una atmósfera que empatara perfectamente con las historias y la fotografía. 

Instituto Mexicano de Cinematografía

Comenzó realmente su carrera artística al lado de los hermanos Soler, quienes llevaban una caravana de espectáculos que recorrió todo el sureste de México y parte del Centro y Sudamérica. En Costa Rica, en el último año de la década de los veinte, durante una presentación en el teatro Raventos, el músico afirmó su destino al prometerse a sí mismo hacer todo lo que estuviera en sus manos para trabajar en la industria cinematográfica, después de ver a uno de sus ídolos en el escenario y escuchar los vitoreos más conmocionantes de su joven vida, cuando el jazzista Al Johnson salió al escenario. 

En 1934 cumpliría su sueño, pues al poco tiempo de presenciar a Al Johnson se despidió de los Soler y entró a estudiar instrumentación, armonía y contrapunto. Pasaron algunos años cuando lo llamaron por primera vez al cine, en donde compuso la música para La Mujer del Puerto (1934) de Arcady Boytler.

Su excelencia musical, su gran sensibilidad y buen gusto lo posicionaron inmediatamente en la lista de jóvenes talentos de su época. Su gran labor no se detuvo y desde ese momento el compositor creó durante toda su vida los temas musicales de más de 500 películas y 947 canciones en total.

Esperón fue un pionero, introdujo el mariachi por primera vez al cine sonoro y fue mentor de muchos de ellos, haciéndolos estudiar música y definiendo su estilo personal como ahora lo conocemos. Tal fue el caso de los dos mariachis más famosos de la época, Jorge Negrete y Pedro Infante

El primero se negaba rotundamente a cantar rancheras en pantalla y a usar traje de charro, pues había tenido una educación basada específicamente en ópera y esperaba demostrar sus habilidades. Fue gracias a Manuel que Negrete aceptó cantar rancheras. 

De igual forma, con Pedro Infante sucedió algo similar, pero milagroso. El cantante deseaba entonar al estilo de Negrete, pero Esperón vio en él un estilo jamás intentado en México, el cantar al oído, el cantar en espacios íntimos y directo a la cara de la amada: “Pedro quería cantar como Jorge y lo convencí para que modulara y aprovechara esa media voz. Le puse de ejemplo que Jorge podía llevarle serenata a una muchacha que viviera en el octavo piso y ella lo podía escuchar perfectamente, pero que sí él le llevaba serenata a una muchacha que viviera en la planta baja, le iba a ir mejor, ya que le cantaría al oído y hasta besito sacaría”.

No sería en vano deducir que fue gracias a Esperón que Infante pasó a la historia como el gran galán del Cine de Oro mexicano. 

Algunas de las películas más importantes para las cuales compuso distintas bandas sonoras son estas: Nosotros Los Pobres (1948), Ustedes Los Ricos (1948), Los Tres García (1947), Las Abandonadas (1945), Una Carta De Amor (1943), Me He De Comer Esa Tuna (1945) y La Muerte Enamorada (1951).

Dentro de sus canciones más importantes para producciones cinematográficas están, “Amorcito Corazón”, “A La Orilla Del Mar”, “Flor De Azalea”, “Mía”, “Noche Plateada”, “Ay Jalisco No te Rajes”, “Me He De Comer Esa Tuna”, “Serenata Tapatía”, “Dulce Patria” y “Yo Soy Mexicano”.

Su estilo inconfundible perpetuó el género musical que, más allá de enamorar a las audiencias, creó los fundamentos de la identidad mexicana a través de sus sonidos. 

En una época en donde el México posrevolucionario marcaba el paso de la producción creativa, Esperón dio voz a todas las emociones de ese México desaparecido y nostálgico.

Su aportación fue tan grande que en 1996, el gobierno de Jalisco lo nombró Hijo Adoptivo del Estado y de la ciudad de Guadalajara por haber enaltecido las virtudes del estado a través de la música durante varias décadas. 

El legado de este compositor mexicano es invaluable y los sonidos de ese México quedaron perfectamente resguardados por el gran talento y sensibilidad de Manuel Esperón. 

 

Fuentes: Sociedad de Actores y Compositores de México (SACM), Cineteca Nacional.

 

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