OPINIóN

Marga López: La inesperada estrella del cine de terror mexicano

La actriz tuvo papeles melodramáticos inolvidables, pero también destacó en el cine de terror en los 60 y 70

Foto: Escena de Hasta el Viento Tiene Miedo
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En Cilantro y Perejil (1996), Germán Dehesa hace mención al “síndrome de Marga López” para referirse a la personalidad de los mexicanos, ya que, según su personaje en la cinta, tenemos una cultura sufridora.

Esta comparativa se debe al legado que la actriz del Cine de Oro dejó en sus películas, pues la gran mayoría de sus papeles eran de mujeres abnegadas, cuyo sufrimiento era tan grande como la dulzura que proyectaban en pantalla. 

 

Pero más allá de este arquetipo, la argentina demostró tener una fascinación especial por el cine de terror y participó en varias producciones icónicas que la convirtieron en una de las figuras del género.

Sin duda uno de sus roles más significativos fue el de Bernarda en Hasta el Viento Tiene Miedo (1968), pues marcó la primera de sus colaboraciones con Carlos Enrique Taboada y, además, puso en evidencia que podía ser una antagonista de armas tomar. 

En su papel como la estricta directora del colegio, la actriz se dejó ver como nunca antes y su aterrador desenlace le quitó el sueño a muchos espectadores de la época. 

 

A esta producción le siguió El Libro de Piedra (1969) en la que Marga López compartió créditos con Joaquín Cordero; esta cinta se aleja por completo del terror gráfico y se inclina por el ocultismo como recurso principal para provocar miedo. 

Con el personaje de Julia, la actriz representa a una mujer precavida, que sabe que hay algo de verdad en las historias que le cuenta la pequeña niña a la que cuida.

“A través de estos dramas, Taboada aborda el tema de la maternidad y sobre todo la cuestión de la incomprensión de los niños preadolescentes por parte de los adultos, y la complejidad de las familias disgregadas o disfuncionales”, se explica en el libro “Taboada”, de Pablo Guisa.

Esta cinta convencería al legendario director de tener dos protagonistas infantiles para su próxima producción –y quizá la más importante– Veneno para las Hadas (1984).

 

La actriz continuaría participando en otras producciones del género como La Muñeca Perversa (1969) y Doña Macabra (1971), que si bien tenía tintes de comedia, reforzaba la fascinación por las historias de brujería. 

Al participar en estos filmes, Marga López demostró que su talento histriónico iba más allá que el de la mujer ingenua y encontró una fortaleza que la convirtió en una leyenda más allá de las películas dramáticas y telenovelas por las que se le reconoce. 

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