OPINIóN

Las rumberas inolvidables del cine mexicano

El cine de rumberas fue un fenómeno cultural en la década de los 40, pero incluso con el paso del tiempo sus estrellas siguen en el corazón del público

Foto: Archivo/Filmoteca UNAM
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En los años 40, en plena época de Oro del cine mexicano, un género en particular cautivó a las audiencias y se volvió uno de los más taquilleros de la época: el de rumberas

Por casi dos décadas, las talentosas bailarinas y vedettes sorprendieron a todos con sus números musicales en pantalla, convirtiéndose en estrellas en el país, siendo extranjeras la mayoría de ellas.

Aunque el fenómeno terminaría a mediados de los 60, el legado de estas mujeres permanece y hoy en día son reconocidas por lo que su trabajo aportó a la historia del cine nacional. 

¿Te acuerdas de ellas?

 

Meche Barba

Es la única mexicana que logró estar a la par de las cubanas que dominaron el cine de rumberas. Tenía un estilo muy particular que la diferenciaba de las demás y además estuvo presente en producciones clave del género, como Humo en los Ojos (1946) del director Alberto Gout.

 

Ninón Sevilla

La cubana es la “Aventurera” por excelencia, ya que fue la protagonista de la cinta que consolidó el cine de rumberas. En sus inicios comenzó trabajando en compañías teatrales, pero un productor de cine la vio en un show y decidió darle una oportunidad.

 

María Antonieta Pons

Fue descubierta por Juan Orol en Cuba y el director la trajo a México con la promesa de convertirla en una estrella. Después de una larga filmografía la actriz participó en Caña Brava (1965), considerada como la cinta final del género.

 

 

Rosa Carmina

Cuando Orol se separó de su musa y esposa, María Antonieta Pons, regresó a Cuba y ahí conoció a Rosa Carmina, quien estelarizó la trilogía Percal, basada en las historietas del mexicano José G. Cruz.

El personaje de Malena la convirtió en una de las rumberas más taquilleras.

 

 

Amalia Aguilar

Su rol en Calabacitas Tiernas (1949) es inolvidable y un ejemplo del tipo de papeles que marcarían su carrera en México, ya que prefirió inclinarse más por comedias que por los melodramas que por lo general definían a las historias de rumberas. 

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