OPINIóN

La vez que Miguel Inclán dejó de ser el ‘villano’ y conmovió a todo México

Como en pocas ocasiones, dejamos de ver al actor como el gran villano del Cine de Oro en una de las producciones más emblemáticas de esa época

Foto: blimtv
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Miguel Inclán, junto a Víctor Parra, Carlos López Moctezuma y Arturo Martínez es considerado uno de los mejores –o más horribles– villanos del Cine de Oro mexicano, pero no siempre fue así.

El peor momento de Inclán como villano (y quizá el más icónico) fue en la cinta Nosotros Los Pobres (1948), en donde, como Don Pilar, aprovecha la ausencia de Pepe (Pedro Intante) al ser encarcelado en Lecumberri para dañar terriblemente a su esposa y a otros miembros de su familia. El clímax llega cuando Inclán asesina a La Muda en una ataque de ansiedad por falta de marihuana, a la que él llamaba “piloncillo”.

Esta imagen del villano se disolvió por un momento y todo México quedó maravillado con Inclán al verlo en una de sus actuaciones más inesperadas en la legendaria cinta Salón México, de 1949.  

Ahí, el actor interpreta a un policía de barrio llamado Lupe López, un hombre que bien podría ser el ángel guardián de Marga López (Mercedes), a quién resguarda del terrible dandy y abusador Paco (Rodolfo Acosta). 

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Cuando Inclán entra en escena, (¡y vestido de policía!), todos sostuvimos la respiración por un momento. Nos sorprendió cuando, con oídos atentos pero discretos, escuchó la conversación entre Mercedes y Paco a la entrada del Salón México, después de que la pareja ganó 200 pesos en un concurso de pista y Paco no quiso compartir la mitad con su compañera.  

 

-“Dame la mitad… entre los dos ganamos el concurso”

-”Me vas a dejar en paz o qué… No me molestes más porque te sueno aquí en la calle”. 

 

El hombre la empuja contra el policía y este le sostiene el brazo para evitar que se caiga. A partir de ese momento, todo cambia para Mercedes. Pero como todo drama del Cine de Oro, las mujeres como ella –trabajadoras, honestas y bondadosas– solo alcanzan a recibir un pequeño fragmento de bondad para seguir adelante en sus vidas miserables. Ese gusto se lo da el personaje de Lupe a Mercedes

La mujer pasa por tormentosas vergüenzas, roba la cartera de Paco para quedarse con su parte del dinero, es encarcelada un tiempo por un crimen que no cometió y que involucra a su antiguo novio, y por último, es despedida del Salón México, su única fuente de ingresos para mantener a su hermana y seguirle pagando el prestigioso internado al que acudía. 

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En todo ese tiempo, Lupe vela por ella, se la encuentra en un momento crítico en su vida y le da ánimos para seguir adelante. Un hombre con una claridad, un desinterés y una bondad genuinas que le derriten el corazón a cualquiera:

“Y los verdaderos ladrones, tan respetables, tan llenos de consideraciones. La vida anda patas arriba. Yo no sé donde va a parar todo esto, yo soy el que le ruegue me dispense. Tiene usted una hermana muy bonita y muy chula, y se le ve en los ojos que es muy inteligente”. Le dice el policía a Mercedes, tomándola de las manos, después de salvarla de las garras de Paco y haber sido terriblemente golpeada. 

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Mercedes muere al final de la cinta. Es el destino de muchas de las mujeres en las historias de esta época. Su ángel guardián permanece junto a ella en la morgue y dedica unas últimas palabras al cadáver cubierto por una sábana blanca: “Fue la mujer más grande que he conocido”. 

En este momento, Inclán conmovió al país en una de sus actuaciones más importantes, ya que supo salir del arquetipo que mejor le salía, para dar vida a uno de los personajes más icónicos y bondadosos del Cine de Oro mexicano.

¿Te acuerdas de esta película?

 

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