OPINIóN

Es momento de admitir que me sigue gustando Crepúsculo y estas son las razones

Todos los que siguen amando la saga estarán de acuerdo con estas tres razones contundentes

Foto: Corazón Films
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En 2008 se estrenó Crepúsculo. Honestamente, yo no había escuchado nada sobre la saga de libros de Stephenie Meyer y, si no hubiera sido por un grupo de amigas que estaban obsesionadas por la historia, nunca hubiera llegado a ella. 

El punto de todo esto es que el furor por las películas me llevó a las salas de cine con cierta emoción. Habría que considerar que yo tenía 19 años –por favor no se burlen de mí– así que los dramas adolescentes, como Gossip Girl (2007), me venían como anillo al dedo. 

Ver el regreso de Cedric Diggory a la pantalla grande, pero ahora en la piel de un pálido y misterioso vampiro, me emocionó bastante y, extrañamente, 13 años después de su estreno sigue siendo una película (bueno, una saga de películas) que disfruto muchísimo. 

Acompáñenme a ver esta triste historia de cómo un hombre de treintaitantos sigue disfrutando de esta franquicia cinematográfica de adolescentes desesperantes. 

  1. Aceptémoslo, podemos tener 100 años y seguiremos pegados a la pantalla viendo películas de amor:

¿Qué tienen todas las películas románticas que siguen dándonos el mismo placer que comer una deliciosa barra de chocolate? Las historias de amor nos enganchan, saber el estatus romántico de nuestras celebridades favoritas nos hace partícipes de la felicidad que emanan en sus fotos. 

Ahora, la idea de un romance imposible es aún más emocionante. Extrañamente sentimos una combinación de dolor/placer al ver a Bella en Luna Nueva (2009) sentada en la silla de su cuarto, viendo pasar las estaciones y los meses en la ventana. 

Según un estudio de la Universidad Autónoma de México (UNAM), en el artículo “¿Qué es el amor? Respuestas desde la biología”, la producción de hormonas crea cambios fisiológicos en nuestro cuerpo que hacen que cambie de manera considerable nuestro estado de ánimo. 

“El enamoramiento es benéfico para la salud: es un estado muy motivador, inspirador y reconfortante que mantiene a la gente alerta y optimista”, comenta el investigador Ignacio Camacho en dicho artículo.   

Por esta razón sabemos que sí, aunque estemos viendo un drama adolescente con mucho sufrimiento por un amor imposible, ver derramamiento de amor en pantalla eleva nuestro estado de ánimo. ¡Tan necesario en esta pandemia!

 

  1. No solo es una película de amor, también nos dio una nueva forma de disfrutar historias de vampiros: 

No es una casualidad que series como True Blood (2008) y The Vampire Diaries (2009) se estrenaran durante los años de mayor éxito de la saga de Stephenie Meyer. Ahora los vampiros ya no son esas criaturas lejanas del pasado que buscan estar solos y alejados de los humanos, a los que solo ven como alimento. 

Seres que se transforman en estas hermosas piedras humanas que vagan por las calles melancólicas sin rumbo ni objetivo, pero al final, aunque sean muy románticos no tienen nada que pueda conectarnos con ellos. Pensemos en Louis de Entrevista Con El Vampiro (1994); ¿a quién no le hubiera gustado caminar una noche al lado de un Brad Pitt inmortal y misterioso? 

Twilight y las series que mencionamos en los párrafos anteriores nos aproximaron a los vampiros por primera vez. ¿Quién no recuerda la escena del bar cuando Sooki se aproxima temerosa, pero extremadamente curiosa, a la mesa de Bill Compton?, el primer vampiro que había visto en su vida, en la serie de HBO, True Blood.

  1. Nos encanta ver una y otra vez como una chica común y corriente se vuelve un ser extraordinario y extremadamente rico de la noche a la mañana:

Todos sabemos de qué va la película. Todos sabemos que la chica que realmente no tiene nada de especial se queda con el vampiro y él le profesa un amor sin precedentes. Todos sabemos que ella se une a él más tarde y se convierte en vampiro y vive como millonaria en casa de sus nuevos “hermanos”. 

Y esto es justo un gran gancho para ver la saga una y otra vez. No nos decepciona, la fórmula es sencilla: Bella encuentra un vampiro, Edward se enamora de ella, pasan algunos altibajos juntos y finalmente viven felices para siempre. 

Pero además sabemos que no vivirán en un castillo decadente de piedra, o vagando ocultos por las calles –porque además a estos vampiros no los daña el sol–, sabemos muy bien que vivirán con todos los lujos que alguien puede desear en una vida mortal, y además, ¡para siempre! Eso sí que es reconfortante.

 

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