OPINIóN

Enrique Lucero: La personificación definitiva de la muerte en el cine mexicano

La figura de La Muerte en Macario, personificada por Enrique Lucero, se ha convertido en un elemento fundamental del imaginario cultural de nuestro país

Foto: Sector Cine
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Macario (1960) ha demostrado ser una pieza clave del cine mexicano, una joya de sincretismo cultural que, de la mano de Ignacio López Tarso y Enrique Lucero, ha logrado ser el mejor referente en pantalla del tradicional Día de Muertos.

La película de Roberto Gavaldón trata sobre un pobre campesino, a quien su esposa le prepara un pavo, por lo que decide ir al monte a comer solo para no tener que compartir la comida con sus hijos.

Durante su travesía, extraños personajes como Dios y el Diablo se acercan a él para pedirle un poco de su pavo, pero él se niega hasta encontrar una figura famélica, a quien no puede resistirse: La Muerte (Lucero).

 

Como agradecimiento, este ser le da una poción mágica que sería capaz de curar a los enfermos y moribundos, lo cual desencadena grandes riquezas y también grandes tragedias.

Una de las críticas que se le hizo a la película en México es que fuera rodada en blanco y negro, pues muchos consideraban se perdía un poco el espíritu festivo y colorido del representativo Día de Muertos.

Esto no impidió que la película fuera la primera vez que una cinta mexicana fuera nominada al Premio Óscar a por Mejor Película Extranjera, ni que la fotografía a cargo de Gabriel Figeroa fuera enormemente aplaudida.

Pero lo más importante es reconocer cómo Enrique Lucero personifica a La Muerte como una figura fiel al imaginario y misticismo mexicano: un sincretismo cultural entre la herencia indígena, la cultura europeizante y los modelos clásicos literarios.

 

Y es que Macario está empapada de referencias e influencia tanto de la literatura oral indígena, pero también de los modelos clásicos. Gavaldón incluye mitos y figuras de La Muerte de diferentes contextos y etapas para llevar a la pantalla su propia representación.

La referencia más directa que tiene la cinta es que está basada en la novela de B. Traven bajo el mismo nombre, que a su vez está basada en el cuento de los hermanos Grimm, “La Muerte Madrina”. En el cuento, la muerte tiene dentro de una caverna un montón de velas prendidas, unas grandes, otras pequeñitas, como metáfora de la duración de la vida, tal como se aprecia en una de las escenas claves del filme.

Finalmente, con esta mezcla de elementos culturales, lo que Enrique Lucero nos enseña como representación de La Muerte es precisamente eso: su universalidad: “Hay que tener consideración con los muertos, porque pasamos mucho más tiempo muertos que vivos”.

La idea que se repite tanto en el cuento de los hermanos Grimm, como en la novela y en la película es la figura de La Muerte como justiciera, la única para la cual no importa si somos ricos o pobres, jóvenes o pequeños, hombres o mujeres; esa que nos alcanzará tarde o temprano.

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