OPINIóN

Al Pirrurris y a Cantinflas los une una sola cosa: la crítica social a través de la parodia

Ambos comediantes interpretaron a dos de los personajes de comedia más icónicos en México, a pesar de que una marcada línea social los dividía

Foto: Vanguardia, López Dóriga Digital
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Antes de ser actor, Mario Moreno fue mesero, boxeador, bailarín y hasta se enlistó en el ejército. Creó a Cantinflas en los años 30 del siglo pasado y lo presentó con enorme éxito en las carpas de la Ciudad de México, a las que se conocían como los teatros del pueblo: escenarios ambulantes que presentaban actos, parodias o incluso algunos trucos de magia o malabares. 

Algunos actores famosos como Jorge Negrete llegaron a presentarse alguna vez en estos escenarios, así que los cazatalentos estaban atentos a los nuevos prodigios que actuaban sobre la calle. 

Cantinflas es una mezcla de vivencias que nutrieron a Mario Moreno. Al principio de su carrera como actor de carpa imitaba al cómico Al Johnson, pintándose la cara de negro. Pero después, sus ojos cayeron sobre los habitantes de los barrios pobres. Así que con pantalones holgados y a la cadera, una franela en el hombro y un bigote muy particular decidió parodiar escenas de la vida cotidiana de las clases menos privilegiadas. 

López Dóriga Digital

Cuenta una leyenda, que una noche que se presentó en la carpa Ofelia, el actor, completamente nervioso comenzó a decir palabras sin sentido, pues el pánico hizo que olvidara completamente su monólogo. Desde el público se escucharon los gritos “¡Cuánto inflas!”, en el sentido coloquial de beber alcohol, pues parecía un hombre borracho y sin sentido.

A pesar de que estas teorías fueron refutadas, incluso por el mismo Mario Moreno, la leyenda pesa más sobre la realidad, pues dentro de la verborrea inconclusa e incoherente del comediante, se hayan todo el tiempo verdades innegables que retan a los preceptos más sagrados de la sociedad moderna; la educación, por ejemplo. 

Luis de Alba tampoco tiene un pasado privilegiado. Durante un programa matutino de televisión relató a los conductores que “de venir de puras escuelas públicas, a mucho orgullo; todo de gobierno hasta la preparatoria nacional número 1”, ingresó a la Universidad Iberoamericana para estudiar teatro, una carrera nueva para la casa de estudios. 

El comediante se llevó una gran sorpresa cuando entró por las puertas de la universidad: “Había gente de un tipo determinado que yo no conocía; nunca había visto esa manera de hablar, de vestir, de tener guaruras afuera del salón”, confesó de Alba. 

Se vio a sí mismo desde la diferencia, y más cuando se acercaban sus compañeros para preguntarle si era sudamericano, pues su estereotipo y su manera de hablar les parecían curiosos. Llegó un día en el que Eduardo Segundo lo invitó a un programa de televisión en donde le pidió interpretar al príncipe de Cenicienta y se le ocurrió hablar como los únicos príncipes que conocía; abrió diciendo: “¡¿Qué onda nacoretes?!”.

Su representación causó sensación y desde ahí nació el Pirrurris. 

A diferencia de Mario Moreno, Luis de Alba tuvo muchos personajes de comedia, pero sin duda el Pirrurris es el más famoso. Llama la atención que ambos personajes –Cantinflas y el Pirrurris– sean figuras trascendentales en la comedia mexicana. 

El primero causa una risa incontrolable porque la mayoría de los mexicanos nos reflejamos en su manera de hablar, en su cantinflear –verbo que por cierto fue aceptado por la RAE desde 2011–. La falta de claridad y elocuencia es símbolo de una “mala educación”, pero el Pirrurris tampoco es tan elocuente, se jacta de superior y es un joven presumido con frases bien armadas, pero tampoco es tan inteligente. Estos dos personajes vienen de lugares distintos y claramente una línea social los divide, pero aunque representen personas de clases sociales contrarias, desde el primer momento, el público los recibió con los brazos abiertos y grandes carcajadas.

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