OPINIóN

60 años de Viridiana; la película ‘prohibida’ de Luis Buñuel que sorteó la censura

La película protagonizada por Silvia Pinal provocó la furia del gobierno español de la época, que ordenó destruir todas las copias

Foto: Cordon
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Por: José Arrieta

Hace 60 años, una película desafió a todo un régimen dictatorial: se trata de Viridiana (1961), la única cinta española que ha conseguido la prestigiosa Palma de Oro del Festival de Cannes. 

Su creador fue el genial Luis Buñuel, quien ya había retado las convenciones cinematográficas con cintas como La Edad de Oro (1930), Los Olvidados (1950) y, desde luego, con Un Perro Andaluz (1929).

Con una larga trayectoria cinematográfica, Buñuel no era bien visto por el gobierno español, entonces encabezado por Francisco Franco. De hecho, el cineasta pasó décadas enteras en el exilio hasta que, 25 años después de salir de su tierra, regresó a ella para rodar Viridiana.

Considerada una especie de prolongación de Nazarín (1959), cinta adaptada de la obra homónima de Benito Pérez Galdós  –catalogada como obra de referencia por L’Osservatore Romano, uno de los medios más importantes de El Vaticano– Viridiana cuenta la historia de una novicia que deja los hábitos tras ser engañada por su propio tío, quien intenta abusar de ella sin éxito.

 

La cinta, protagonizada por Silvia Pinal, está basada ligeramente en Halma, novela también escrita por Pérez Galdós y considerada una reflexión acerca de la bondad y su inutilidad en un mundo lleno de maldad. Los recuerdos del propio Buñuel, como una costumbre muy de aquellos tiempos de amarrar perros a los ejes de las carretas, aderezaron la película.

“Viridiana es un filme de humor negro, de una aspereza cáustica. Pero ésta no está planeada, es espontánea, ya que expreso determinadas obsesiones eróticas y religiosas de mi niñez”, señaló el propio Buñuel en una entrevista concedida al New York Times en 1962. 

Aunque la crítica de la época la acogió con emoción, hubo un medio, L’Osservatore Romano, que la tachó de “impía”

Dicha opinión llegó a los oídos de Francisco Franco, quien se consideraba un católico devoto, por lo que ordenó la destrucción de la película y que se le retirara la nacionalidad española al largometraje.

 

“Franco pidió ver Viridiana después de leer en el ‘Osservatore Romano’ que era una película impía, y mandó quemar todo lo que existiera y la persiguió como a una persona, porque no se podía vender legalmente al no tener nacionalidad”, señaló hace unos años Silvia Pinal en declaraciones al Festival de Málaga, donde la cinta fue exhibida en 2009.

Recordemos que la actriz mexicana rescató una copia y la trajo a México, desafiando a la dictadura franquista, pero también asegurando la conservación de este filme. 

Los censores de la época estuvieron de acuerdo con los apuntes del medio religioso. Las recomendaciones hechas al respecto de la exhibición –o no– de Viridiana así lo demuestran.

“Prohibida. Blasfema, antirreligiosa, manifiesta crueldad y desdén con los pobres. También hay morbosidad y brutalidad. Película venenosa, corrosiva en su habilidad cinematográfica de coordinación de imágenes, sugerencias y fondo musical”, detalla el historiador Vicente Sánchez-Biosca en su tomo Viridiana.

Un clásico en toda regla

Más allá de las azarosas condiciones de su exhibición, Viridiana ha sido catalogada a lo largo del tiempo como una reflexión sobre la caridad cristiana y la forma en la que los desposeídos pueden abusar de ella. Sin embargo, Buñuel no siempre compartió ese punto de vista.

“En Viridiana pongo un espejo frente a la vida. Los críticos dicen que la película está llena de amargura. No soy amargo. No soy cínico. Al contrario. Veo con afecto a todos en Viridiana. Uno es bueno, otro no es tan bueno. Otro es mezcla de bueno y malo. Los quiero a todos. Quiero a la gente y la muestro tal como es porque la amo”, señaló Buñuel en una entrevista concedida a Newsweek en 1962.

Es cierto que sus personajes son muy diferentes a los de las cintas anteriores. Por ejemplo, a Nazarín, el protagonista de su cinta anterior, y Viridiana los une el amor cristiano y la caridad, pero mientras el primero es un asceta en busca de santidad, la segunda es cegada por la propia fuerza de su bondad, con lo que atrae a personajes perniciosos.

 

“La película trata del carácter contraproducente de la caridad, porque produce catástrofes: el estropicio de la casa por los mendigos, riñas entre éstos, la posible violación de Viridiana”, apuntó el cineasta en el libro “Buñuel por Buñuel”.

Los mendigos son una especie de protagonista coral de la película. Sucios, aprovechados y zafios, representan a plenitud los vicios que, al final de cuentas, se aprovechan de la buena disposición de las almas nobles, como la de Viridiana.

Al final, el mismo director llegó a describir a su protagonista como un Quijote con falda, ella protege a los mendigos y ellos la atacan, así que tiene que ver la realidad y aceptar el mundo por cómo es.

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