OPINIóN

5 lecciones de vida que nos dejó la tercera temporada de Sex Education

Como toda buena serie, Sex Education nos ha dejado grandes lecciones de vida que hasta los adultos pueden poner en práctica

Foto: Netflix
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El recorrido que hemos atravesado durante tres temporadas de Sex Education (2019) nos ha hecho sentir como si fuéramos un estudiante más en el colegio Moordale, y como toda buena serie, nos ha dejado grandes lecciones de vida, escondidas tras la fachada de una comedia británica ligera.

Aún quedan varios cabos sueltos que nos hacen darle vueltas y vueltas a la trama, preguntándonos qué va a pasar si es que se estrena una cuarta temporada de Sex Education.

Lo que también nos dejó el final –además de algunas preguntas sin respuesta– son varios aprendizajes guardamos como joyas para la posteridad.

¿Cuáles fueron para ti los momentos imperdibles de la tercera temporada?

 

A ser honestos, aunque el resultado no nos pinte favorable.

Ruby, de quien hablaremos más adelante por su increíble desarrollo de personaje a través de la temporada, va aprendiendo a ser más vulnerable y, después de tratar de mantener su relación con Otis (interpretado por Asa Butterfield) en secreto, baja sus barreras, le dice que lo ama, y él responde que no siente lo mismo por ella.

Ruby se queda incómoda y desconcertada, pero al final, aprendimos que en una relación es muy importante la comunicación y el ser honestos con nosotros mismos y con los demás, aunque hacerlo signifique perder lo que queremos.

 

A aprender a perdonar.

Desde la temporada pasada, Isaac borra los mensajes de amor de Otis a Maeve y ella al final lo descubre. Por más que Isaac intenta disculparse, el lazo de confianza está roto y Maeve está muy molesta, aunque sabe que en el fondo, el resentimiento es como un veneno que esperemos le afecte al otro pero solo tiene efecto en nosotros.

Así que decide perdonarlo y seguir adelante. Una de las lecciones más difíciles de poner en práctica en la vida real.

 

No juzgar a un libro por su portada.

O en este caso a Ruby, quien va desnudando sus capas a través de la tercera temporada y resulta ser todo, menos la chica superficial que imaginábamos.

Mientras mantiene una relación con Otis, él no comprende porqué no quiere invitarlo a su casa, imaginando que vive probablemente en una mansión. La realidad es que la historia familiar de Ruby es un desastre y tiene que lidiar con la adicción de sus padres.

 

A encontrar el balance en la vida.

Lily y Ola viven en tensión durante la tercera temporada, pues la primera dedica demasiado tiempo a su pasión y ha desatendido su relación con Ola. Finalmente, Lily aprende que no todo en la vida es el trabajo, sino que las relaciones se trabajan y hay que dedicarles tiempo.

En un mundo como en el que vivimos, encontrar el balance perfecto entre la vida laboral y la vida personal es uno de los retos más grandes, pero Lily nos recuerda que es posible, que vale la pena y es posible una reconciliación.

 

A ir tras nuestros sueños

Y sí, las relaciones merecen dedicación y compromiso, pero en el caso de Maeve, nos dejó una lección distinta y muy valiosa: a no sacrificar nuestros sueños por nadie.

Aunque pareciera que por fin ella y Otis pueden estar juntos, a ella se le presenta una oportunidad que no puede rechazar: irse a estudiar a Estados Unidos, y aunque  ella no quisiera dejarlo, sabe que su futuro es más importante que quedarse por una relación que aún no comienza. 

Además, la incipiente relación queda abierta y nos deja con ganas de conocer su desenlace en una posible cuarta temporada, con unos personajes con mayor madurez y entendimiento.

 

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