OPINIóN

20 años separan a Todo el Poder y Nuevo Orden, pero sus historias son prácticamente las mismas

Las injusticias sociales retratadas desde el privilegio nunca harán justicia a los verdaderos problemas en México

Foto: Videocine, Venevision International
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En 2002 se escuchó por primera vez en todo México el sencillo “En El 2000” de Natalia Lafourcade. En la cuarta estrofa, que va más o menos así: “En el dos mil Martha es una lombriz que no deja de mirar, de criticar toda la gente, de dividirla, de ser racista. Existen fresas, ricos, pobres, mexicanos y panistas”, se anunció uno de los problemas que los mexicanos seguimos arrastrando casi 20 años después, sin importar el cambio de siglo o incluso de milenio, los hábitos del pasado siguen reinando en el futuro: la polarización social causada por la gran desigualdad económica en México.   

El cine mexicano también tiene una larga historia con las narrativas de lucha de clases. Tanto, que en 2020 se estrenó la película que le daría el leoncino de Oro a Michel Franco por Nuevo Orden, una cinta que, hasta nuestros días, muestra la cara más descarnada del racismo en México

Lo que es extraño, es que estas narrativas sigan causando sobre nosotros un extrañamiento como si fuera la primera vez que vemos en pantalla esta temática tan recurrente. La lista de películas, programas de televisión, y hasta telenovelas, es larguísima, y las similitudes entre unas y otra también lo son. 

Este es exactamente el caso entre la ya citada cinta de Michel Franco –Nuevo Orden– y una película que justo se estrenó en el 2000, tan solo dos años antes de la canción de Natalia Lafourcade, estamos hablando de Todo El Poder (2000). 

Nos atrevemos a decir que las dos cintas son prácticamente iguales, lo único que las separa es la brecha temporal y que una fue galardonada en Venecia en 2020, y la otra no.

Podríamos hacer una tesis doctoral para explicar las razones por las que en México, la lucha de clases y las injusticias sociales siguen siendo tan controversiales desde el éxito en taquilla de Nosotros Los Pobres en 1948, pero nos limitaremos a comparar y a encontrar las similitudes entre las cintas de Michel Franco y Fernando Sariñana, para demostrar, cómo en México, la polarización y la injusticia siguen siendo los temas más recurrentes y exitosos para crear historias. Esto quiere decir entonces que, ¿seguimos igual que hace 20 años? o incluso, ¿igual que hace más de 70 años?

  • La trama es simplemente la misma:

En una entrevista para Sector Cine, Michel Franco declaró lo siguiente: “La distopía parece habernos alcanzado”. Con las marchas del Black Lives Matter y otros movimientos sociales alrededor del mundo en el pasado 2020, el director mandó un mensaje contundente con el lanzamiento de su Nuevo Orden: “La intención de esta película es crear una alerta para decir ‘no lleguemos a este lugar’”. 

Sería tonto negar que otras cintas mexicanas en el pasado no han representado distopías, que aunque no caen en el extremo de crear una organización total de una clase social para acabar con otra, sí podemos decir que la realidad en México retratada en la pantalla grande siempre ha sido descarnada y muy cercana a una distopía, inclauso con narrativas sencillas pero brillantes como Elisa Antes Del Fin Del Mundo (1997).

Lo que sucede con la película de Franco es que se representa a las clases sociales menos favorecidas como los villanos de la película. Con esto queremos decir que, al final de cuentas, los ricos son los que padecen terriblemente el Nuevo Orden, el reclamo de las clases más pobres, y que al final, como lo muestra la película, los ricos renuevan su poder en México con ejecuciones descarnadas, haciendo del Nuevo Orden el antiguo régimen en el que siempre ha estado México, porque, ¿qué no vivimos ahora mismo en un país gobernado por oligarcas que retienen en su poder todas las riquezas y aumentan día con día la desigualdad social?

Entonces, ¿a quién le pide en realidad Franco no llegar a ese lugar?, ¿es una advertencia para los más ricos o para los más pobres?, porque como claramente pudimos ver en su película, la clase media simplemente no existe, así que el mensaje queda borroso.

Desde este mismo lugar de privilegio se sitúa la historia de Gabriel (Demián Bichir) en Todo El Poder. Para los que la hayan visto, seguramente recuerdan a este héroe citadino de principios del nuevo milenio como un valiente que se opone a la corrupción, a los maltratos y al despotismo de la policía capitalina, pero es justo esa imagen la que se ha caído a pedazos después de 20 años.

No queremos decir con esto que la corrupción en México sea un tema que debe tomarse a la ligera, o que la violencia, el crimen organizado y la delincuencia en la ciudad sean problemas menores, pero lo que sucede en la película va más allá de reflejar la realidad de la Ciudad de México a finales del siglo XX, pues lo que llama la atención es el lugar social del personaje principal interpretado por Bichir, los ojos de la persona que observan los problemas citadinos con asco y preocupación. 

Venevision International

Gabriel (Demián) no es un héroe que intenta acabar con el crimen, sino todo lo contrario, visto desde los ojos de cualquier persona en 2021 el protagonista de Todo El Poder aparece como un hombre de edad madura que vive en un precioso departamento en la colonia Roma (por el parecido arquitectónico de su vivienda con el de los edificios reales de esa zona), tiene amigos  influyentes, como Octavio y Frida y por no ser presumido, usa el metro de la Ciudad de México para trasladarse, pero lo hace de manera renuente, escondiendo su cartera y metiendo nervioso sus manos a las bolsas del pantalón cuando se acerca cualquier persona. 

A esto último no le encontramos ningún sentido, pues, ¿por qué un hombre que claramente pertenece a la clase alta viajaría en transporte público de vez en cuando si tiene tanto miedo de ser asaltado?

Gabriel echa la culpa de todo a los corruptos policías, a los aparentes maleantes que se dedican a hacerle la vida imposible a él y a sus amigos, los cuales, ingenuamente no puede explicarse por qué, siempre son asaltados y robados cada 5 minutos. 

Venevision International

Decide entonces tomar la justicia en sus manos y se infiltra junto a Sofía (Cecilia Suárez) en la guarida del comandante Eleuterio (Luis Felipe Tovar) para revelar por fin la cara de los verdaderos criminales de la ciudad. Pero en todo su proceso y búsquedas de la verdad como justiciero nunca se pregunta quién está detrás del comandante y sus secuaces. 

Mientras desayuna mimosas con sus amigos políticos y su nueva novia en una mansión capitalina nunca se cuestiona sobre la desigualdad social, sobre el bajo salario que recibe un servidor público como un policía, o sobre la corrupción en las altas esferas del poder. 

Lo mismo sucede con el mensaje que manda Franco en Nuevo Orden. Las clases privilegiadas no se explican qué es lo que está sucediendo en el país, parece que no tienen ni la más remota idea de por qué todo México se ha levantado en armas contra ellos. Al igual que en Todo El Poder no hay un solo momento de reflexión sobre el privilegio. Los personajes de esta película también son personas miopes y extremadamente privilegiadas que en lugar de pensar en los porqués, deciden tomar la justicia en sus propias manos y someter a las clases que siempre han sido golpeadas y oprimidas.

De nuevo, no vemos la realidad desde los ojos de las clases menos privilegiadas, sino que vemos un escenario distópico a través de la mirada de Marian (Naian González), quien fue secuestrada y sometida por militares corruptos. 

A todo esto decimos: las historias de injusticias sociales contadas desde el privilegio nunca harán justicia a los verdaderos problemas que enfrenta la mayor parte de la gente que habita este país. 

 

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