‘Servant’: sentirnos perdidos es el horror que nos une

La serie de Apple TV+ te hará dudar de la realidad y odiar la idea de que Pinocho es un niño de verdad

Foto: Cartel de la serie Servant

Aunque Servant (2019) lleva menos de un año al aire, es ya uno de esos clásicos thrillers de televisión que hay que ver. Fundamentalmente porque es un acierto en todas sus aristas, empezando porque es producida por Night Shyamalan, quien como director tiene una carrera reconocida —aunque a veces inconsistente— por películas como El sexto sentido (1999), Señales (2002) y Glass (2019), y de alguna manera eso asegura que suspenso sí habrá.

 

Cuando uno ve el cartel de Servant no puede más que pensar en el oscuro y terrorífico bebé de Trainspotting (1996). No es raro preguntarse: ¿va a andar por las paredes y el techo? ¿Me va a saltar de la cuna? Spoilers más, spoilers menos, para fortuna de los más asustadizos, nada de eso pasa. Servant es otro espanto.

 

Ver esta serie es como comprobar continuamente la teoría de la realidad que bien enunció el filósofo Alejandro Rossi: «contamos con la existencia del mundo externo cuando nos sentamos en una silla, cuando reposamos sobre un colchón, cuando bebemos un vaso con agua […] Confiamos, además, en que las cosas conservan sus propiedades. No nos sorprendemos de que el cuarto, a la mañana siguiente, mantenga las mismas dimensiones, que las paredes no se hayan caído, que el reloj se retrase y el café sea amargo. Comprobar que la calle es idéntica produce una alegría mediocre».

Y no es esta parsimonia mediocre lo que hay en Servant, sino el anhelo de ello lo que nos atrapa. En dosis de poco más de media hora por capítulo, esta serie rompe con todo esquema de realidad del mundo, es estar ante la contemplación de lo que existe yendo del milagro al peligro de manera permanente. 

 

¿Por qué? Imagina que tienes a los amigos odiosos perfectos: snobs, ensimismados y estúpidos. No son malos, pero tanta perfección levanta sospechas. Entonces, vas a su casa, y ahí, tras los trofeos del chef del año y la reportera estrella de la cadena, hay alcoholismo, depresión, alucinaciones y un bebé, ¿muerto?

 

Ya no te interesan los trofeos en la vitrina, ahora sólo importa poder salir a salvo por la puerta, eso sí, con la esperanza de seguir mirando por la ventana. El truco está hecho: todos somos sirvientes de un juego; el juego del terror de la irrealidad donde nadie sabe nada, solo pasan cosas constantemente.

Y ya que en este thriller psicológico, que usa elementos sobrenaturales para inyectarnos terror, no hay spoiler que valga, porque nada se compara con la satisfacción de ver a Rupert Grint, Lauren Ambrose, Toby Kebbell y Nell Tiger Free en sus escenas entre penumbras y suposiciones, vale la pena preguntarse: ¿quiero saber más? 

 

La respuesta es obvia: ¡claro que sí! Que venga el siguiente capítulo para dudar: ¿será que todos estamos ebrios de realidad y no sabemos distinguir nuestros propios delirios?; para juzgar: ¡¿qué clase de madre es esa?!; para desear: ¡que le den un zape a ese marido!

 

Con nueve capítulos que se consumen a su propio ritmo, la duda queda, aún al final de temporada. Y no es necesariamente algo negativo, pues en esa duda crece la satisfacción de saberse parte del juego y nuestro papel de perfecto espectador: un sirviente.

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