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El ángel en el reloj: Cine Mexicano con causa social

Llegó “El ángel en el reloj”, un ambicioso proyecto de animación mexicana dirigido por M. A. Uriegas, con quien nos sentamos a platicar sobre el cine infantil con causa social.

Foto: Fotosíntesis
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Por Sergio Huidobro

 

Este fin de semana, con más de 200 copias y después de un largo proceso de producción, llega a la cartelera mexicana El ángel en el reloj, el primer proyecto completado por Fotosíntesis Media, un nuevo estudio de animación mexicano que, además, está hermanado a la galardonada casa de producción Mantarraya (La región salvaje, Post Tenebras Lux, Maquinaria Panamericana). Es también el primer largometraje dirigido por Miguel Ángel Uriegas desde La increíble historia del niño de piedra (2015). Se trata, además, de un proyecto que busca un modelo innovador de interacción social con una causa tan urgente como el combate al cáncer infantil. En el fin de semana de su estreno bajo el sello Cinépolis Distribución, nos sentamos a platicar con su realizador acerca de este proyecto y sus implicaciones sociales.

 

Miguel Ángel, la industria del cine de animación en México es definitivamente distinta al panorama de hace una década. Sin embargo, sigue siendo un sector de mercado altamente competido por las producciones extranjeras. ¿Cómo es para ti, como realizador, desarrollar una carrera dentro de la animación?

Siempre hemos querido hacer animación, desde el inicio. Con La increíble historia del niño de piedra aprendimos mucho y quisimos seguir adelante. La animación es una industria que en el país, es cierto, ha crecido bastante, pero todavía no estamos donde quisiéramos, y cada nueva película en el género es una oportunidad para tener más empleos y gente más capacitada para producir cada vez más rápido, mejor y pensar en exportar, estrenar en otros países del mundo

Imagen: Fotosíntesis Media

 

¿De dónde nace la historia de Amelia, de dónde surge la primera imagen de esta niña?

-En Fotosíntesis, que es el sello detrás de la película, la manera en la que trabajamos es elegir una causa, en este caso el cáncer infantil, y emprendemos una investigación profunda, desde médica hasta social. A partir de eso, buscamos crear una metáfora alrededor de esa problemática que finalmente se transforme en un guión. Lo que buscamos evitar es que la película sea un panfleto alrededor de la enfermedad. Verás, muchas de las personas que están en contacto con ésta y otras enfermedades crónico degenerativas coinciden en una actitud vital de dejar de vivir con anclas en el futuro y en el pasado, gozando el aquí y el ahora, el presente. A partir de esta actitud, de esta enseñanza, desarrollamos el personaje de esta niña, Amelia, quien quiere detener el tiempo.

 

Hay en El ángel en el reloj una serie de metáforas visuales que describen esto: los relojes, los engranes, el propio ángel, que imagino pensados para conectar con una audiencia más amplia que la de los pacientes y sus allegados…

Claro. La intención es que el mensaje sea universal, no dirigido solamente a las personas que han padecido o estado en contacto directo con la enfermedad. Lo más importante es sensibilizar a quienes viven fuera de una condición como ésta. En el equipo de producción estamos en contra de eso que llamamos terrorismo filantrópico, que es vender lágrimas a cambio de donaciones, mover conciencias utilizando la lástima o el miedo. En El ángel en el reloj quisimos contar esta historia a partir del amor. Con esta idea nos acercamos a Rosana Curiel, quien escribió el guión a partir de un argumento mío.

Imagen: Fotosíntesis Media

 

Algo interesante del guión es que nunca son dichas palabras como cáncer, muerte, etc.

En ningún momento. Evitamos poner en boca de Amelia frases como “me voy a morir”; los niños que enfrentan esta enfermedad saben muy bien lo que les pasa, lo entienden, pero al mismo tiempo, suelen ser los más alegres del salón. Y lo son no porque no tengan conciencia de su enfermedad. Lo que les choca no es el futuro, sino no poder salir a jugar futbol, o tener que tomar tantas medicinas, o perderse una caricatura por tener que ir a consulta. Tampoco intentamos hacer una película para enseñarle a los niños qué es el cáncer; los adultos ya lo sabemos y con eso basta.

 

Fue un proceso creativo largo, de varios años de desarrollo….

Si, al menos tres años de producción, y antes habíamos tardado casi dos en desarrollar el guión. Una parte que tomó tiempo fue la formación de un equipo de animadores y técnicos que fuera completamente mexicano: tenemos un equipo de animación de alrededor de cincuenta personas, otras veinte haciendo arte. En total, la película empleó a más de cien personas

 

En tu experiencia, ¿existe ya una industria de animación en México?

Creo que si. Ya existen estudios con producción constante, como Huevocartoon o Ánima Estudios, que tienen una recuperación en taquilla muy importante que les permite desarrollar, a veces, más de un proyecto simultáneo, empleando a sus animadores de forma continua. Es una industria económicamente estable dentro del cine mexicano.

Proceso de animación de El ángel en el reloj (Imagen: Fotosíntesis Media)

¿Cómo construyes un elenco de voces?

Tuvimos siempre el apoyo invaluable de Raúl Carballeda y Gabriela Cárdenas, que conocen el medio del doblaje mexicano mejor que nadie. Ellos se encargaron de buscar las voces. A nadie el elenco le pedimos que creara un personaje en el sentido de meterse en la piel de alguien ajeno, sino que fueran ellos mismos y aportaran su personalidad a cada uno de los personajes, así que el papá de Amelia, interpretado por Erick Elías, tiene tanto del personaje animado como del propio Erick Elías, que se interpreta a sí mismo, lo mismo que Camila Sodi (el hada), o de Laura Flores o Leonardo de Lozanne.

 

Finalmente, esta película incorpora un modelo de responsabilidad social alrededor de una problemática, del cáncer infantil. Para ello estás sumando a un grupo de instituciones, desde médicas hasta asistenciales, que trabajan directamente con pacientes. ¿Cómo funciona?

Con esta película, Fotosíntesis Media implementa un modelo distinto al asistencialista, que se ha usado tanto tiempo y que ya es insuficiente: generar taquilla y donar una parte de los ingresos. Lo que estamos intentando con El ángel en el reloj es crear modelos de negocios de iniciativa social, esto es, un modelo que alcance sustentabilidad de ambos lados. En vez de donar un porcentaje de la taquilla, se trata de que las asociaciones utilicen la película como una herramienta para dar a conocer sus esfuerzos; ellos pueden usar la película como deseen, por ejemplo, con proyecciones para recaudación privada o explotando cualquier forma de merchandising. De esta forma, ambos aseguramos continuidad para nuestros esfuerzos: el equipo puede seguir haciendo películas y las asociaciones pueden seguir combatiendo y sensibilizando acerca del cáncer infantil.

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