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Masacre en Teques, un slasher mexicano que rinde tributo al famoso género de terror ochentero

¿Qué pasa cuando juntas en una película a alumnos del primer semestre de comunicación, un asesino serial sediento de sangre y el calor de Morelos?

Foto: Escena de Masacre en Teques

Aaah, Teques… un lugar para tomar el sol, echar unos drinks con los amigos a la orilla de su apacible lago y… ¡¿ser asesinado?! 

Lo que para cualquiera podría ser un “no” rotundo, para Rodrigo Hernández Cruz fue la premisa ideal para su ópera prima:  Masacre en Teques, una cinta con un descarado guiño al clásico de horror La Masacre de Texas (1974) y que cristaliza el objetivo primordial de la publicidad: llamar la atención de la audiencia sin desembolsar un solo peso.

Porque admitámoslo, en un país en el que las frases trilladas y la palabra “godínez” son el pan de cada día en las marquesinas de los cines, es imposible no experimentar curiosidad morbosa por una cinta que te remite a ese paradisiaco destino morelense y que genera expectativa inmediata con un nombre que ya “huele” a sangre y diversión.

Pero lejos de tratarse de un chascarrillo escrupulosamente rebuscado, o la consecuencia de horas de quebrarse la cabeza, el ingenioso recurso que da título y línea a la trama del que presume ser el primer slasher mexicano surgió de la misma manera que surgen las buenas ideas: al calor de una plática entre amigos.

“Carlos Marín, el otro guionista de la cinta, y yo, habíamos sido rechazados del concurso del Foprocine (el ahora extinto apoyo gubernamental para la producción de largometrajes). Nos habíamos reunido en una cafetería para platicar de lo que nos había pasado y se nos ocurrió hacer algo que llenara el ojo, pero que al mismo tiempo fuera súper barato”, cuenta en entrevista Rodrigo Hernández Cruz, el director de esta cinta.

Escena de Masacre en Teques

“Le dije que deberíamos hacer una comedia que se burlara del cine de autor (tipo de cine que promovía el Foprocine) y que se llamara No es Otra Tonta Película de Arte”, añade el cineasta, quien por lo visto es un as para los nombres pegajosos.

Después de varias risas, ambos sabían que materializar un filme que hiciera referencia directa al cine cultural que los había menospreciado era obligado, como también lo era deshacerse por completo de la idea de una comedia, porque “nadie quiere otra tonta película de lo que sea”.

Apostar por el horror y casi enseguida por el subgénero del slasher, era lo más conveniente, gracias, en gran medida, a lo barato que resulta darle forma a uno en comparación con otros géneros.

“Carlos quería que la película se viera muy mexicana, que no fuera un fusil de una cinta gringa. En lugar de que los personajes coman pizza, que pidan tacos; en lugar de que haya bailes de graduación, que la gente vaya a sonideros; en lugar de que la trama suceda en Long Beach, que ocurra en Teques”, recuerda Hernández Cruz.

“Fue cuando le dije “Masacre en Teques”. Nos empezamos a reír porque no teníamos película, ni nada, pero ya sabíamos que sería un slasher y que así se llamaría”.

La primera idea era que los protagonistas fueran un grupo de chavorrucos dueños de una agencia de publicidad que, ansiosos por demostrar su creatividad, deciden filmar una película y terminaban asesinados. 

“Decidimos bajarles el rango de edad y no meternos en rollos de publicidad. Así que los convertimos en chavos de primer semestre de comunicación”, dice Rodrigo.

Así surgió la historia de Virginia (Tatiana del Real), una aspirante a guionista temerosa e insegura de entrar por fin en el medio de la industria cinematográfica, quien se lanza a Teques con un grupo de amigos para grabar un proyecto en el que han trabajado por varios meses.

Lo que Virginia y sus amigos no saben es que en el apacible lago de  Tequesquitengo y sus alrededores se esconde un asesino enmascarado sediento de sangre, quien buscará cazarlos uno a uno.

“Decidimos meterle los vicios y virtudes que hacen humanos a los protagonistas y te acercan a ellos, para que no fueran solo bolsitas de carne huyendo y para que, cuando los partan a la mitad, la audiencia ‘sufra’”.

Otra cosa que ocupó un lugar preponderante en la filmación fue darle verosimilitud, por lo que los elementos técnicos tenían que brillar en pantalla. “Cuando haces género te sales de las cosas como son, tienes que construir cosas maravillosas que se vean verosímiles para que no se vean como la Santo Cueva. Claro que da nostalgia y ternura ver al Santo mover una caja con un foco simulando estar frente a una computadora, pero eso no te lo crees”.

Si bien la cinta ya está terminada, Hernández Cruz no tiene claro si la cinta verá la luz este año, pues debido a la pandemia, es difícil promover su llegada a los cines. Sin embargo, aseguró estar abierto a mostrar su cinta a cualquier servicio de streaming interesado en apostar por su cinta para subirla a su plataforma”.

 

CHECKLIST DE UN SLASHER

Estas son las características que no pueden faltar en las películas del género 

1.- Tipo de muertes. Deberá haber asesinatos con armas punzocortantes.

2.- El asesino debe estar enmascarado o usar algo que modifique su rostro de una manera dramática.

3. – La manera dramática en la que que está alterada su cara deberá estar ligada con el origen por el cual mata.

4.- Al tratarse de un género para adolescentes deberá poseer una jerarquía sumamente moral. Si haces algo “que está mal”, el asesino te va a matar; si rompes una regla, te matan.

5.- El protagonista generalmente es una mujer que, entre sus muchas virtudes, tiene la fuerza suficiente para luchar contra el asesino y salvar su vida.

 

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