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5 lecciones que aprendimos de Sin Hijos, la nueva película de Regina Blandón 

En Sin Hijos, la nueva película de Netflix, Regina Blandon personifica a una mujer exitosa y linda… pero que odia a los niños

Foto: Sector Cine
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Sin hijos, una nueva película con Regina Blandón llegó a Netflix, pero esta vez Regina deja de lado el papel de la chica graciosa para personificar a una mujer exitosa y linda… pero que odia a los niños. 

Con todas las convenciones de las comedias romántica, Netflix estrenó Sin Hijos (2021), dirigida por Roberto Fiesco y protagonizada por Regina Blandón y Alfonso Dosal

Sin hijos –remake de la película argentina homónima, dirigida por Ariel Winograd– sigue la historia de Fidel (Dosal), un padre divorciado que se enamora de Marina (Blandon), un alma libre que odia a los niños.

Así que Fidel tiene que ocultar a su hija de nueve años para poder romancear con Marina, aunque no será por mucho tiempo.

A pesar de ser una comedia romántica convencional, esta película, lejos de arrancarte carcajadas, te hará pensar de forma muy ligera y amena en temas importantes como la paternidad, la maternidad y la importancia de ser honestos con el ser amado. 

Es por eso que dejaremos por aquí estas 5 lecciones que aprendimos de Sin Hijos. 

Adiós a los roles de género

Atrás quedaron los años donde el cine representaba solo a hombres trabajando fuera de casa y lejos de los trabajos del hogar y a las mujeres en la cocina. 

Esta película no es la excepción: nos muestra a un padre amoroso y responsable, que sabe cocinar y lavar los trastes, por un lado; y por el otro, a una mujer trabajadora, exitosa profesionalmente y que no tiene interés en tener hijos. 

Tampoco es que sea la primera película que lo haga o que haya descubierto algún hilo negro, pero es positivo que cada vez más películas y series dejen de reproducir esos esquemas patriarcales que tanto hemos visto en cine y televisión.

 

La paternidad responsable

No queremos spoilearte, pero en algún momento de la película se revela que el padre de Fidel lo abandonó a él y a su hermano por “seguir su sueños”. 

Fidel, por el contrario, “dejó sus sueños” y su vida en segundo plano por hacerse cargo de su hija. 

Pero, en realidad la película nos dice: ¿por qué no las dos? Entonces Fidel aprende –y nosotros con él– que ser un papá responsable no está peleado con ser feliz y cumplir sueños personales.

Cof cof, papás que se fueron por cigarros y no volvieron.

No todas las mujeres quieren ser madres y eso está bien

Aunque hemos avanzado en temas de género, derechos de las mujeres y equidad, aún estamos lejísimos en temas de equidad, empezando por el mal hábito de reproducir micromachismos en la vida cotidiana, casi sin darnos cuenta.

El personaje de Regina Blandón evidencia esto en una escena después de que Fidel le pregunta en repetidas ocasiones si en serio, en serio, no quiere ser mamá. 

“¿Te digo la verdad? A mí me gusta mucho mi vida así, me gusta ir al cine y poder ver la película que yo quiero, me gusta mi trabajo, viajar, poder agarrar un avión sin importar la hora o el lugar, y yo con un niño no podría hacer eso”, dice Marina en la película. 

Así que, eso, dile a tu tío, primo, tía que no, las mujeres no vinimos al mundo solo a tener hijos. Está bien querer tener hijos y está bien no querer tenerlos. Es una decisión personal.

Los hombres expresan sus sentimientos en pantalla y es una buena manera de generar alternativas a la masculinidad tradicional

Lo dicho, el personaje principal de esta película es un hombre que no teme mostrar sus sentimientos. Lo vemos llorar en un momento de la película, compartir el tiempo con su hija y ser una pareja amorosa. 

No es para aplaudir ni nada, pero se siente como un buen paso hacia la representación de masculinidades menos tradicionales y violentas en el cine mexicano.

No hay que odiar a los niños solo por odiarlos

Al final de la película, como es predecible, Marina termina por aceptar  –y no solo aceptar sino querer– a la hija de Fidel. 

Ok, sí, este final es un cliché, pero nos enseña que ser un adulto y odiar a los niños no es una personalidad. 

Como todo, hay niños cool, hay niños no cool, pero ellos están en una etapa de desarrollo y aprendizaje, nosotros somos los adultos que debemos comprender eso y no odiarlos solo porque existen. Todos fuimos esos niños que jugaban a evitar pisar las líneas al caminar en la calle.

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