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Guerra Fría

Pawel Pawlikowski se inspira en la relación tormentosa de sus propios padres para contar una historia de amor y odio extraordinaria.

Por: Foto: Cine Caníbal 14. Feb. 2019
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Por Alejandro Alemán / @elsalonrojo

Si no es posible dedicarse a Dios
en la época de crecimiento
¿qué darle al corazón afligido
sino el círculo de muerte necesaria
que es la mujer?

Jaime Sabines

Dos corazones, cuatro ojos
Lloré todo el día y toda la noche
Ojos oscuros
Lloras porque no podemos estar juntos

Dwa Serduszka, canción polaca

Para su más reciente cinta, Guerra Fría (Zimna wojna, 2018), el director polaco Paweł Pawlikowski (Ida) nos invita a ser testigos de la lenta deconstrucción del amor entre dos personajes en la Europa de principios de los años cincuenta, justo en el inicio de la llamada Guerra Fría.

Pero en este caso la historia es mero escenario. A Pawlikowski no le interesa hablar del contexto ni hacer un comentario político: la guerra que nos convoca es la de Wiktor y Zula, una pareja ficticia pero basada en los padres del propio director quienes –en palabras de él mismo– nunca dejaron de amarse y odiarse al mismo tiempo. “Si no hubiera sido porque enfermaron, ahora mismo seguirían peleando”, dijo Pawlikowski en su pasada visita al Festival de Cine de Morelia, donde presentó su película.

Cine Caníbal

Wiktor (Tomasz Kot) conoce a Zula (Joanna Kulig) mientras el primero recorre las zonas rurales de Polonia en busca de artistas locales para un proyecto cultural que al final se vuelve un instrumento de propaganda stalinista. Zula es, en apariencia, una tierna chica de flequillo, con una extraordinaria voz para el canto. Pero al revisar su expediente resulta que tiene asuntos pendientes con la ley. Ella lo explica sin titubeos: “Mi padre me confundió con mi madre y yo le expliqué la diferencia con un cuchillo”.

En ese momento Wiktor lo sabe: está perdidamente enamorado. Es un amor que se vive en las trincheras de la Guerra Fría, que se tiene que ocultar del ojo omnipresente del régimen. Pero ella, como diría mi abuelo, salió más cabrona que bonita. En un primer momento, Zula le confiesa a Wiktor que está sirviendo como informante de su superiores (“Pero no he dicho nada que pueda afectarte”); ahí empieza el primero de sus muchos desencuentros, y en consecuencia, se fragua también el primer reencuentro.

Es así como inicia este amour fou insaciable, donde el amor se convierte en prórroga perpetua y pelea constante, amor y odio, eros y thanatos. Si el amor es una lucha, Wiktor y Zula llevan esa lucha a niveles de paroxismo.

Cine Caníbal

Esto es Guerra Fria, la crónica de un amor donde el peor enemigo de uno es el otro y donde la religión del uno es también el otro. Es una lucha de voluntades que no se quiere dejar vencer y que, al mismo tiempo, se rinde irremediablemente ante el oponente.

Conforme avanza la historia, el público se deja intoxicar por este juego de ires y venires, de besos y cachetadas, de gritos y susurros. Pero Pawlikowski se muestra cruel con el espectador: sus cortes caen como guillotinas que destazan el tiempo. Justo cuando nos estamos enamorando de lo que sucede en pantalla, la tiranía del autor nos corta los ánimos con una elipsis que nos llevará a otro momento, a otra batalla entre estos dos enamorados que no se cansan de jugar el largo y triste juego del amor.

La cámara del cinefotógrafo Lukasz Zal (blanco y negro en formato 4:3) es una ráfaga de imágenes hermosas. Alejada de toda tendencia actual, que entiende a la fotografía como un acto de malabarismo donde gana el que más trucos hace, Lukasz se limita a buscar el encuadre ideal que le permita entregar por cada fotograma una postal espléndida que resume todo el sentido de la película: Zula y Wiktor se besan y son perfectos, son escultura, son tan grandes que el mundo se detiene. Parece simple, pero no sencillo; al fin y al cabo la tarea del cinefotógrafo no es menor: retratar al amor, 24 veces por segundo.

Cine Caníbal

La cinta dinamita la idea del amor como posesión del otro. El tiempo pasa, el régimen acecha, y estos grandes amantes tienen que huir y separarse, pero eventualmente estarán juntos de nuevo, así sea por unos minutos, así sea una calle oscura o en el baño de algún club nocturno. El tiempo no importa, la distancia no importa, el que ella esté casada o que baile con frenesí un rock and roll con todos los hombres de la pista ante la mirada impávida de Wiktor, tampoco importa. No pasa de un enojo más, de una cachetada y unos gritos, no importando cómo gire el mundo, Zula y Wiktor volverán y se seguirán amando.

“Encuentra alguien que te aguante”, le dicen a Zula. Ella responde: “No ha nacido ese hombre”, y es verdad, pero también es verdad que sí existe aquel que la ama no importando tiempo y distancia. El amor, nos dice Pawlikowski, tiene muchas formas: es lucha, es pelea, es odio, aturde, duele, es braza y espiga. Es un niño irremediable que solo quiere seguir jugando.

Guerra Fría
Zimna wojna
Polonia, 2018
Dir. Pawel Pawlikowski
Con: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc, Cédric Kahn
Estreno en México: 14 de febrero, 2018

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