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Belleza y decadencia: Entrevista con Sven Marquardt

Por: Fabiola Santiago Foto: Goethe-Institut Mexiko 08. Ago. 2019
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Durante su visita a México para la 18 Semana de Cine Alemán, el protagonista de Belleza y decadencia, Sven Marquardt, nos habló de su experiencia en esta película.

Hay un antes y un después de Berlín, marcado con claridad por la caída del muro que la seccionaba en Oriente y Occidente. Hay un antes y un después en la vida, si se le quiere ver desde la juventud como clímax: está la belleza y luego la decadencia. Ambos conceptos no son excluyentes, aunque pueda parecer que sí.

Tampoco la libertad en el encierro es imposible. Los protagonistas de Belleza y decadencia (Schönheit & Vergänglichkeit, 2019) vivieron ambas contradicciones en la escena cultural underground de la capital alemana oriental en la década de los 80.

El guardián que abre la entrada a ese pasado en Sven Marquardt, a través de las fotografías en las que capturó el zeitgeist previo a la reunificación. Con sus lentes oscuros y la piel cubierta de tinta y metal, es una figura mítica de Berlín, ya que es el encargado de salvaguardar las puertas de Berghain, club conocido como la catedral del techno.

La leyenda dice que los criterios por los que deja entrar a alguien al antro son un misterio, pues lo mismo le permite la entrada a un anodino viajero, que se la niega a una celebridad. En apariencia infranqueable, Sven le dio a la directora Annekatrin Hendel la confianza para documentar su presente y sus recuerdos de lo que fue la vida artística para él y dos de sus amigos y modelos recurrentes, Dominique Hollenstein y Robert Paris.

En entrevista con Sector Cine, el fotógrafo y protagonista del documental que se muestra en la 18a. Semana de Cine Alemán, nos compartió sus motivaciones para volver al ayer a través del cine.

Sector Cine (SC): Al ser el guardia de un club puedes permitir o negar la entrada a quienes se acercan. Como protagonista de este documental, también estuvo en tus manos la decisión de dejar que Annekatrin entrara a tu vida. ¿Por qué permitirle el paso a algo tan personal?

Sven Marquardt (SM): Son dos cosas muy diferentes. En el club Berghain yo decido quién entra o quién se queda afuera para el club, no tiene nada que ver personalmente conmigo. En cuanto a la película, tiene que ver con ir construyendo una relación personal. La confianza no es solamente una palabra, es algo que vas construyendo.

SC: ¿Cómo fue esa construcción? Porque en la película se percibe una relación entre la directora y tú, por la cual permitiste que se acercara de una manera muy íntima.

SM: Hace dos años Annekatrin filmó un documental sobre Rainer Werner Fassbinder (Fassbinder, 2015) y ahí me descubrió, porque participé ahí en un día de filmación. Él influyó mucho en mi juventud, su lenguaje visual es algo que siempre fue importante para mí. Y aunque el proceso de edición quedé fuera de la película, porque solo quedaron las personas de su círculo más cercano, ya se había establecido el contacto con Annekatrin, que se había interesado por mi vida y por lo que hago.

Yo le conté que iba a tener mi primera cátedra como docente en una academia en Ostkreuz y el tema que iba a trabajar con mis estudiantes era, precisamente, “belleza y decadencia”. Y desde entonces ella me empezó a acompañar con la cámara y de ahí se empezó a desarrollar poco a poco.

Empezamos a hablar sobre el shooting, la planeación, del maquillaje, la ropa, el styling, íbamos a ver a Dome. Y creo que la gran obra de arte de ella fue la dramaturgia, ver cómo iba a hacer una composición a partir de todo lo que habíamos tomado, porque creo que al inicio ni ella sabía a dónde nos iba a llevar el viaje.

Pero lo que existió desde el inicio fue una confianza hacia ella. Y creo que, con el tiempo, uno va desarrollando una sensibilidad muy clara con los periodistas y los cineastas cuándo el trabajo con ellos realmente tiene que ver conmigo, con mi obra y lo que hago, y cuándo solo quieren un gran contraste o un gran titular.

Creo que en la película se puede ver que mi trabajo con las fotos no está desvinculado con el trabajo en el club, porque ahí hicimos el shooting. Eso tiende puentes que el espectador puede ver.

SC: Hablando de esos puentes, ¿cómo fue la experiencia de estar del otro lado de la cámara?

SM: En el mejor de los casos ni siquiera notas que la cámara está ahí. A veces sí, por ejemplo, cuando estábamos filmando y Annekatrin hacía preguntas o a veces seguía filmando y le decía ‘¿Sabes qué? Ya no tengo ganas.’ Pero es una cosa que se va dando también sobre la marcha, poner esos límites, ver hasta dónde estás dispuesto a permitir. Pero es algo que se dio solo, la cámara nunca fue un cuerpo extraño.

Creo que a los tres, a Robert, a Dome y a mí, se nos nota una tranquilidad, que no hay tensión, hay una gran naturalidad. Esto se lo tenemos que agradecer a Anne y a su equipo y tiene que ver con su personalidad, ella hace cosas muy buenas. Fue una época muy bonita la de la filmación.

SC: Berlín es otro de los personajes de la película y se muestra cómo ha cambiado incluso después de la caída del Muro, en la actualidad con la gentrificación. ¿Qué queda de la ciudad de la que hablas en la cinta?

SM: Yo creo que el zeitgeist de una ciudad siempre se va modificando, está en constante transformación. Y aunque hay gente que se queja de que esto ya no es igual, creo que es importante mantenerse abierto y mantener una curiosidad, no quedarse aferrado al pasado y pensando que todo tiempo pasado fue mejor.

Gracias a mi trabajo en la escena de los clubes sigo teniendo en contacto con las generaciones que vinieron después de mí y eso me parece también muy inspirador.

Las ciudades van evolucionando y la gentrificación se está dando en todas partes y eso conlleva a que se vayan perdiendo estos espacios de libertad para la gente que trabaja de manera creativa. Y, aunque eso es cierto, también es cierto que hay que crear nuevos espacios de libertad. Esto también lo observo en las breves visitas que hago a otras ciudades, por ejemplo, aquí, es la segunda vez que vengo. Como un ejemplo concreto, la colonia Roma, que también tiene esta parte de decadencia, un romanticismo un tanto oscuro y tiene los árboles, los cafés, las tiendas, la ida en las calles, es una zona muy bonita, pero te metes al metro y cambias de barrio y ves otra cosa. Seguramente aquí también se ha encarecido muchísimo, pero es algo que pasa en todos lados.

En la película lo vemos muy claro con Robert Paris, quien dice muy claro que el Berlín de ahora ya no es su ciudad, creo que por eso fue que se llegó a sentar en otra parte. Dome tuvo la suerte de que la casa en la que vive le pertenece a los abuelos, pero han tratado de conservar un modelo de vida en la que rentan habitaciones, pero dejan la puerta abierta para que entre gente sin techo, de manera que no se pierda del todo.

Hace unos años yo iba a vender mi casa y la sensación de que entre alguien extraño a apropiarse del lugar es una sensación de que lo has perdido todo, pero es algo que se da.

SC: El proceso de una película no acaba cuando se termina de realizar, sino cuando se muestra. Al ser parte de este viaje de exhibición con una película que trata de tu vida, ¿ha cambiado algo en la manera en que te ves a ti mismo?

SM: Estos viajes los hago hace ya un tiempo, ahora represento a quienes hicieron la película, pero también he viajado yo con mis propias exposiciones fotográficas.

He tenido la oportunidad de estar en muchas ciudades y de ver otras culturas, acerca de la libertad. Es una situación un poco irreal, porque estoy como invitado y no me tengo que ocupar de nada. A pesar de ese estar en una burbuja, trato de absorber lo más posible, trato de llevarme todas estas impresiones, esta otredad.

Yo nunca he vivido por tiempos largos en otra ciudad y en ese sentido todos esos viajes cortos sí han cambiado mucho mi visión.

Sin embargo, quizá sea demasiado fuerte decir que estos viajes me han desarraigado, pero lo que sí es cierto es que me han provocado cierta intranquilidad. Llego a Berlín y estoy ahí y me dan ganas de moverme. Estos viajes me hacen darme cuenta qué pequeña es la propia vida, las cajitas en las que uno vive y todo lo que hay fuera, lo que se puede ver, y es una sensación que no conocía de antes.

SC: ¿Cómo es tu relación con tu celular en estos viajes? ¿Tomas fotos con él o prefieres llevar la cámara?

SM: Claro que tomo muchas fotos con el celular, porque te deja recuerdos hermosos después, es una forma de recordar dónde estuviste haciendo qué. Son fotos que después miro y puede que encuentren la entrada a otros proyectos. Tiene que ver también con atmósferas o sensaciones.

Sí me gusta tomar fotos con mi celular, porque son como entradas de un diario.

Belleza y decadencia es parte de la 18 Semana de Cine Alemán. Consulta los horarios en la página del Goethe-Institut Mexiko

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