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Ayer maravilla fui: la vida en blanco y negro

Por: Foto: Gabriel Mariño 24. Jul. 2018
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La fotografía en blanco y negro ofrece posibilidades cromáticas y evocaciones más extensas de lo que imaginamos. Ayer maravilla fui, del mexicano Gabriel Mariño, explora este camino.

Por Rosalina Piñera @RossPinera

Afligida por la soledad, una entidad misteriosa va cambiando de cuerpo mientras persigue la atención de Luisa, la joven que le inspira amor. La transmutación física ocurre entre sueños, en el ámbito onírico en donde la oscura noche se pierde en la luminosidad del alba. En Ayer maravilla fui, Gabriel Mariño esta posibilidad funde las atmósferas oníricas del cine fantástico con la sobriedad seca del realismo en blanco y negro.

“Desde el principio, Iván Hernández [el director de fotografía] y yo pensamos que el blanco y negro es una herramienta visual que tiene un pie en el mundo evocativo, onírico –que tiene que ver con la melancolía, con el pasado– y otro pie en lo real, en el aquí y en el ahora. Todos vemos fotos en blanco y negro en el diario y las aceptamos como reales, pero hay otra parte de nuestra cabeza que las recibe como una reinterpretación de ese pedazo de realidad. Pensamos que la película también tiene un lado, un pie en la parte irreal, fantástica y el otro, en la Ciudad de México de 2017, real, urbana. Pensamos que con ese mecanismo podríamos ir transmitiendo este tono que se desliza entre los dos estados”, afirma el realizador.

Cooperativa Un mundo

La historia de Ayer maravilla fui transcurre en la Ciudad de México, una de las más pobladas del orbe, en donde el aislamiento del personaje principal se vuelve tan insoportable como verse atrapado en los límites del cuerpo, en medio de un mundo gris poblado de nostalgia. “Al principio, sabíamos que la ciudad tenía que ser un personaje más. Entonces me parecía que [el blanco y negro]  podría brindarle una lectura un poco más subjetiva. Queríamos que siguiera siendo la ciudad, no utilizar extras, no cerrar los cafés en donde filmamos, pero sí resignificarla, darle una lectura un poco diferente. El blanco y negro nos servía y daba una herramienta para conseguir ese propósito. Me pareció que podría generar un especie de sentimiento entre lo que ya fue, lo que ya pasó y evocar la melancolía, el pasado y al mismo tiempo ser realista”, agrega el cineasta.

En la percepción del joven director (Puebla, 1978), esos tonos brindan singulares posibilidades estéticas: “De pronto uno ve la ciudad, estos muros llenos de graffiti a color; no es que no llamen tu atención, pero cuando los ves en blanco y negro algo sucede, pareciera que las texturas ‘salen’, que emergen de la cosas. En la película ocurre con las manos y los ojos de las chicas. Pareciera que una vida interior emerge de las cosas cuando las fotografías en blanco y negro.”

Imagen: Gabriel Mariño

Un blanco y negro de La Nueva Ola

El cine nació en tonalidades grises y se mantuvo así en los primeros años de su existencia; pero aún después de conocer, emplear y gozar de las posibilidades del color, movimientos como la Nueva Ola Francesa o el Neorrealismo italiano retomaron, por diversas razones, ese recurso para captar la realidad.

Posteriormente, cineastas como David Lynch (Cabeza de borrador, 1977), Jim Jarmusch (Hombre muerto, 1995) o los hermanos Coen (El hombre que nunca estuvo, 2001) han expresado su arte en esa gama. “Evidentemente nos basamos mucho en las películas de Robert Bresson: Pickpocket (1959), Al azar de Baltasar (1966), Mouchette (1967). También en muchas obras de la Nueva Ola: Los 400 golpes (François Truffaut, 1959), Jules y Jim (Truffaut, 1962), por ejemplo. No es el blanco y negro, por ejemplo, de Güeros (Alonso Ruizpalacios, 2014), que a mí me parece una película que está muy bien, pero nosotros justamente no queríamos ese blanco y negro híper iluminado que se ve en otras propuestas más recientes. Queríamos un blanco y negro que tuviera que ver con la luz natural, como lo hacía la Nueva Ola o Bresson”, puntualiza Mariño.

Cooperativa Un mundo

Para conseguir la tonalidad que anhelaba ver en pantalla, hubo un intenso trabajo previo: “Hicimos muchas pruebas, sobre todo de vestuario. Las actrices iban con pantalones amarillos, blusas rojas, chamarras verdes… Hicimos pruebas de cámara y nos dimos cuenta qué tonalidad de gris nos daba el rojo, qué tonalidad de gris nos daba el amarillo, el verde, etcétera.  Entonces jugamos con eso. Lo más maleable era el vestuario, también el diseño de producción; y así fue que fuimos generando los tonos de grises que deseábamos”.

Al encanto visual de Ayer maravilla fui se suma la seducción sonora, como agrega su autor: “Pensamos que la película debía ser muy sensorial y que debería tener varias lecturas con nuestros sentidos. Todas las lluvias son construidas, las fuimos sumando en postproducción y generando este mundo sonoro que tiene que ver con la lluvia, las gotas y lo acuático”.

La música de Schubert es también un homenaje a Bresson: “Me moría de ganas de ver la ciudad, mi ciudad, retratada con esa música; me parecía que era un leitmotiv ideal para acompañar la transformación del personaje y para ir generando un tercera emoción, algo más impalpable pero que tuviera que ver con la melancolía, con el sueño, con algo que ya no es pero fue”, comenta Mariño, quien en 2012 debutó como director en Un mundo secreto.

Pruebas de vestuario para el elenco. Imagen: Gabriel Mariño

Al final, lo que hoy es maravilla es que exista un cine que saca al espectador de la zona de confort, relatos e imágenes que convocan a la imaginación, a las conjeturas y a la consideración de la propia existencia. Y todo ello lo brinda la película de Gabriel Mariño con la vulnerabilidad de sus personajes, la insólita situación que les circunda y el desenlace del relato. “Al principio era interesante ver a un hombre viejo que se relaciona con una joven y no entender muy bien de qué va esa relación. ¿Son amigos? De pronto, hacer un cambio radical. ¿Qué está sucediendo, por qué se levanta una mujer? Luisa es un personaje en emergencia existencial, en un coma diabético emocional que bien puede pasar enfrente de ti y no la notas porque está muy apagada, pero sin duda hay una implosión muy fuerte en ella.”

Sobre repetir la experiencia en ese matiz, Mariño reflexiona: “Fue muy bonito redescubrir partes de la ciudad y a mis actrices y actores a través del blanco y negro. Tengo varios proyectos, pero ninguno en blanco y negro. Todos han nacido dentro de mi cabeza a color”, concluye.

Agradecemos a Gabriel Mariño las imágenes utilizadas para ilustrar este artículo

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